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Costa Rica ante el giro conservador

Cristian Caamaño Chacón

Causas profundas, riesgos democráticos y desafíos para una estrategia progresista. Una excepción latinoamericana que está cambiando.

Museo Nacional de Costa Rica
Creator: FES Costa Rica

Durante décadas, Costa Rica fue el ejemplo excepcional de América Latina: una democracia estable, un robusto Estado social de derecho y un país sin Ejército. Desde 1949, la nación construyó un modelo político cimentado en el consenso socialdemócrata, la inversión pública y una sólida confianza institucional.

Sin embargo, el periodo entre 2022 y 2026 consolidó un viraje político drástico. El desplazamiento del sistema hacia posiciones conservadoras y populistas de derecha —ratificado en el reciente proceso electoral de 2026— no es un hecho aislado; forma parte de una ola regional marcada por la frustración social, la inseguridad y una profunda crisis de representación.

Desde una mirada progresista, comprender este fenómeno exige abandonar las lecturas simplistas. No estamos ante un mero «avance ideológico de la derecha», sino ante una reconfiguración estructural del vínculo entre la ciudadanía, el Estado y la democracia.

¿Cómo llegamos aquí? El fin del consenso histórico

El equilibrio costarricense, sostenido en un acuerdo implícito de bienestar y crecimiento moderado, comenzó a erosionarse por factores acumulativos: 

Al inicio del siglo, el viejo bipartidismo perdió legitimidad tras escándalos de corrupción, reformas económicas impopulares y la incapacidad de responder a nuevas demandas sociales. 

Desde 2023 el aumento de la violencia ligada al narcotráfico modificó radicalmente la percepción social. Incluso, un país históricamente pacífico enfrenta hoy un crecimiento sostenido del crimen organizado, generando ansiedad colectiva y demanda de autoridad estatal. En contextos así, la política suele desplazarse hacia propuestas de orden, control y liderazgo fuerte. En Costa Rica, el récord histórico de homicidios registrado en 2023 —con más de 900 asesinatos y una mayoría vinculada a ajustes de cuentas relacionados con el narcotráfico— consolidó una sensación de crisis de seguridad que transformó el debate público y fortaleció discursos de “mano dura” como respuesta al avance del crimen organizado. Para profundizar en este fenómeno y comprender cómo ha cambiado la realidad costarricense en los últimos años, pueden consultarse análisis y reportajes internacionales como el de Deutsche Welle sobre el año más violento en la historia reciente de Costa Rica, así como los informes del Observatorio de la Violencia del Ministerio de Justicia y Paz 

El resultado es una percepción extendida de abandono, la democracia funciona formalmente, pero no mejora la vida cotidiana. Este vacío es el terreno ideal para el populismo de derecha. 

Tensiones entre el Ejecutivo y otros poderes

El país atraviesa tensiones entre el Ejecutivo y los otros poderes de la República, instituciones autónomas, tribunales y prensa independiente, reflejando una confrontación política inédita en su democracia. El liderazgo emergente en Costa Rica no responde a la derecha tradicional. El denominado modelo Chaves-Fernández —definido por analistas como una amalgama de populismo tecnocrático y nueva derecha— representa una ruptura profunda en la política contemporánea local.

A diferencia de las derechas tradicionales, este modelo se caracteriza por: 

  • Una confrontación constante con instituciones de control democrático  
  • Una narrativa que prioriza la eficiencia gerencial del Estado sobre los consensos políticos tradicionales. 
  • Un fuerte énfasis en la seguridad, el crecimiento económico y el liderazgo personalista, junto con una marcada distancia frente a agendas progresistas en temas culturales y sociales.

Investigaciones como «Rodrigo Chaves y su construcción de un liderazgo político» (UCR) y los análisis de la revista Nueva Sociedad coinciden en que este fenómeno se inscribe en una tendencia global de populismo autoritario y desgaste institucional. Este tipo de liderazgo combina de forma inédita tres elementos: lenguaje anti político, una fuerte legitimidad electoral y una constante tensión con los contrapesos democráticos. Si bien el espacio cívico y las libertades constitucionales se mantienen vigentes, el clima político se ha vuelto considerablemente más hostil hacia la oposición y las voces críticas. 

¿Por qué avanza la derecha? Una lectura autocrítica desde el progresismo

Un error recurrente de los progresismos latinoamericanos ha sido atribuir estos giros políticos a la manipulación mediática o a la ignorancia del electorado. El avance conservador en Costa Rica responde, en realidad, a tres demandas ciudadanas legítimas:

  1. Eficacia estatal: La percepción de que el Estado social dejó de resolver problemas concretos.
  2. Seguridad: El miedo y la vulnerabilidad redefinen las prioridades políticas mucho más rápido que cualquier ideología.
  3. Representación real: El sentimiento de amplios sectores de que el progresismo institucionalizado habla desde élites urbanas y tecnocráticas, desconectadas de las realidades de las zonas periféricas y desfavorecidas.

En pocas palabras: la derecha no gana únicamente por el atractivo de sus propuestas, sino por los vacíos que la izquierda dejó de representar.


Lo que ocurre en Costa Rica demuestra cómo las democracias robustas pueden sufrir fatiga institucional y polarización permanente sin necesidad de una crisis económica extrema. El peligro actual no es un golpe de Estado tradicional, sino la erosión interna y la normalización del conflicto institucional.

El caso costarricense refleja un fenómeno global: La democracia no suele caer mediante golpes de Estado, sino mediante:

  • Debilitamiento progresivo de contrapesos. 
  • Deslegitimación del periodismo. 
  • Polarización permanente, 
  • Concentración simbólica del liderazgo. 

El peligro no es una ruptura abrupta, sino una normalización del conflicto institucional.

Estrategia progresista: ¿Cómo enfrentar la ola derechista?

Frente a esta ola, la respuesta del progresismo no puede limitarse a la resistencia electoral o a la superioridad moral. Se requiere un giro estratégico profundo basado en estos ejes:

  1. La derecha gana cuando la política se vuelve simbólica y cultural sin resolver lo económico y lo cotidiano.
  2. Ignorar la inseguridad fortalece a la derecha.
  3. Seguridad y derechos humanos no son incompatibles.
  4. El desafío central no es ideológico sino organizativo.
  5. Se necesita reconstruir vínculos territoriales, liderazgo local, sindicatos renovados, movimientos comunitarios activos. 

El progresismo costarricense históricamente defendió el Estado social. Pero ahora la derecha populista ocupa espacios donde el progresismo dejó de estar presente. Hoy necesita actualizarlo. No solo defender lo existente, sino proponer una nueva promesa de futuro:

  • Transición ecológica con empleo. 
  • Economía digital inclusiva.
  • Bienestar con seguridad.
  • Democracia participativa real. 

Lo que ocurre en Costa Rica no es excepcional. El país muestra cómo incluso democracias sólidas pueden experimentar fatiga democrática, populismo institucional, desplazamientos ideológicos rápidos sin crisis económica extrema. El giro hacia la derecha en Costa Rica no debe entenderse como una derrota definitiva del progresismo, sino como un mensaje político profundo de la sociedad. 

La ciudadanía no está abandonando la democracia; está buscando respuestas nuevas dentro de ella. El desafío progresista no es resistir el cambio, sino comprenderlo, menos nostalgia del pasado, más capacidad de interpretar el malestar social y una reconstrucción política capaz de ofrecer seguridad, justicia social y futuro democrático al mismo tiempo. 

Persona autora

Cristian Caamaño Chacón. Costa Rica. Agente de cambio 2014. 

Profesional en gestión de proyectos y administrador, parte de colectivos y organizaciones de base comunitaria para el respeto de los derechos humanos.

cristian.caamano.chacon(at)gmail.com