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Panamá: Estado pivote de Centroamérica ante la nueva disputa geopolítica

Anastacio Rodríguez Zúñiga

Panamá no es una potencia militar, pero su ubicación estratégica, entre los océanos Atlántico y Pacífico, lo vuelve clave en el comercio mundial.

Panamá, por su ubicación estratégica, se vuelve clave en el comercio mundial.
Creator: FES Costa Rica

Panamá no es una potencia militar, pero su ubicación estratégica, entre los océanos Atlántico y Pacífico, lo vuelve clave en el comercio mundial. 

En agosto de 2026, la importancia de Panamá a nivel global volvió a quedar expuesta. El país fue escenario del Ejercicio Panamax Alfa 2026, de debates sobre seguridad hemisférica, migración y crimen organizado, y de nuevas tensiones relacionadas con la competencia entre Estados Unidos y China.

El ejercicio se realizó por decimonoveno año consecutivo y estuvo centrado en la protección y defensa del Canal de Panamá, con la participación de la Fuerza Pública panameña, el Comando Sur de Estados Unidos y delegaciones de más de 19 países.

Estos acontecimientos muestran que Panamá puede ser comprendido como un Estado pivote. Su relevancia no depende únicamente de su poder material, sino de su ubicación estratégica y de las consecuencias que sus decisiones generan sobre otros actores. El desafío consiste en determinar si esa posición será utilizada para fortalecer la soberanía y la integración centroamericana o si terminará subordinada a las prioridades de las grandes potencias.

Una posición excepcional

La geografía panameña concentra varios activos estratégicos. El Canal articula las  rutas marítimas entre los océanos Atlántico y Pacífico, sus puertos conectan cadenas globales de suministro, el sistema financiero y logístico vincula a América del Norte, América Latina, Europa y Asia, y el Darién constituye un corredor terrestre entre Sudamérica y Centroamérica.

Esta combinación convierte a Panamá en una plataforma de circulación de mercancías, capitales, personas, información y energía. Su posición también le otorga relevancia en materia de seguridad. El país se encuentra cerca de las principales rutas del narcotráfico, enfrenta los efectos de la migración irregular por el Darién y debe proteger infraestructuras críticas frente a amenazas convencionales, cibernéticas y ambientales.

Sin embargo, una posición estratégica no equivale automáticamente a autonomía. Precisamente porque Panamá es importante, se convierte en objeto de presiones externas. El Canal es presentado como una ruta fundamental para el comercio mundial, de competencia política y estratégica. La presencia económica de China, la histórica influencia de Estados Unidos y los intereses de empresas internacionales colocan al país en el centro de una disputa que supera sus fronteras.

En este contexto, la pregunta no es si Panamá tiene importancia geopolítica. De hecho, la tiene. La cuestión es si el Estado panameño dispone de una estrategia propia para administrar esa importancia.

Centroamérica en tensión

La realidad centroamericana de agosto de 2026 está marcada por una combinación de vulnerabilidades y oportunidades. La región posee una ubicación privilegiada entre América del Norte y América del Sur, acceso a dos océanos, importantes recursos naturales y corredores logísticos de alcance continental. No obstante, continúa enfrentando fragmentación política, desigualdad, debilidad institucional, violencia criminal, migración, inseguridad alimentaria y vulnerabilidad ante el cambio climático.

Los países centroamericanos no experimentan de la misma manera las transformaciones geopolíticas. El norte de la región se encuentra fuertemente vinculado a Estados Unidos por razones comerciales, migratorias y de seguridad. 

El Caribe centroamericano mantiene una relación estrecha con las rutas marítimas, el turismo, los recursos naturales y los riesgos climáticos. Costa Rica conserva una proyección asociada con la democracia, el ambiente y los servicios, mientras que Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador afrontan dinámicas políticas y de seguridad diferenciadas.

Panamá ocupa una posición particular dentro de este conjunto. Es parte de América Central, pero también funciona como puente hacia Colombia, Sudamérica y el Caribe. Su economía está conectada con la circulación internacional y no únicamente con el mercado centroamericano. Por ello, lo que ocurre en Panamá tiene consecuencias sobre las rutas comerciales, la migración, la seguridad regional y la competencia entre potencias.

La reactivación del Sistema de la Integración Centroamericana constituye una señal relevante. En agosto de 2026, Lina Ajoy Rojas asumió la Secretaría General del SICA para el período 2026-2030 con el objetivo de reactivar el diálogo político de alto nivel y construir consensos regionales. Entre los desafíos identificados se encuentran la seguridad, la migración, el cambio climático, los desastres naturales y la desigualdad.

Este contexto ofrece una oportunidad para que Panamá proyecte su condición de Estado pivote no solo mediante su infraestructura logística, también mediante la diplomacia y la cooperación regional.

El Canal y la soberanía

La realización de Panamax Alfa 2026 colocó nuevamente al Canal en el centro de la agenda internacional. La posición oficial panameña presentó el ejercicio como una operación conjunta y combinada para fortalecer las capacidades de protección y defensa de la vía interoceánica. También destacó la coordinación entre la Policía Nacional, el Servicio Nacional de Fronteras, el Servicio Nacional Aeronaval, el Servicio de Protección Institucional, el Servicio Nacional de Migración y unidades del Comando Sur estadounidense.

Desde la perspectiva panameña, la cooperación internacional puede contribuir a proteger una infraestructura cuya importancia es nacional y global. El crimen organizado, los ciberataques, los riesgos ambientales y las amenazas contra las cadenas de suministro requieren capacidades de coordinación. Ningún Estado puede enfrentar por sí solo todos los desafíos contemporáneos.

Pero la cooperación no debe confundirse con pérdida de autonomía. La presencia de unidades extranjeras en ejercicios, la ampliación de acuerdos de seguridad o la incorporación de prioridades hemisféricas definidas fuera del país pueden generar interrogantes legítimos sobre la soberanía, el control civil y la transparencia institucional.

La creación del Comando Conjunto para la Seguridad en las Áreas Específicas del Canal de Panamá profundizó ese debate. La Resolución No. 190, del 27 de julio de 2026, estableció una estructura integrada por la Policía Nacional, el Servicio Nacional Aeronaval, el Servicio Nacional de Fronteras y el Sistema Único de Manejo de Emergencias. Sus funciones incluyen proteger infraestructura crítica y recursos hídricos, prevenir amenazas y contribuir a garantizar la continuidad de las operaciones del Canal.

La medida no equivale a la creación de una fuerza extranjera ni implica, por sí misma, una transferencia del control del Canal. Sin embargo, sí exige explicar públicamente sus protocolos, cadena de mando, presupuesto, supervisión civil y relación con los acuerdos internacionales de cooperación.

Una política soberana no significa aislamiento. Significa capacidad para cooperar sin renunciar a la dirección nacional de los asuntos estratégicos.

Panamá como Estado pivote

La categoría de Estado pivote permite interpretar la posición panameña desde una perspectiva más amplia. Un país pivote es aquel cuya importancia deriva de su situación geográfica, de su capacidad de conexión y de las consecuencias regionales de su estabilidad o vulnerabilidad.

Panamá reúne estas condiciones por varias razones:

  • Conecta dos océanos mediante una ruta interoceánica esencial.
  • Articula América del Norte, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica.
  • Posee puertos, aeropuertos, corredores logísticos y servicios financieros.
  • Controla un territorio de tránsito migratorio entre Colombia y Centroamérica.
  • Se encuentra en la intersección de redes comerciales, energéticas, digitales y de seguridad.
  • Es un punto de interés para la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.

Su posición también puede convertirlo en mediador regional. Panamá tiene la posibilidad de impulsar diálogos sobre migración, seguridad, infraestructura, comercio y gestión del agua. En lugar de ser únicamente una plataforma de intereses externos, podría actuar como un espacio de concertación centroamericana y latinoamericana.

Para lograrlo, necesita fortalecer su capacidad institucional, transparentar los acuerdos internacionales, proteger la cuenca hidrográfica del Canal y garantizar que las comunidades afectadas por los grandes proyectos participen en las decisiones. La condición de Estado pivote no debe reducirse a la protección de infraestructuras o al tránsito de mercancías. También debe incluir la seguridad humana, la justicia social y la protección ambiental.

Puertos y competencia global

La disputa alrededor de los puertos de Balboa y Cristóbal demuestra que la geopolítica contemporánea no se limita a los territorios militares. También comprende puertos, cadenas logísticas, capitales, empresas y concesiones.

Las operaciones portuarias vinculadas con CK Hutchison (Ensegundos.com.pa, 2026) quedaron atrapadas en las tensiones entre Estados Unidos y China. En agosto de 2026, el conglomerado de Hong Kong anunció un reclamo de más de 1.500 millones de dólares contra Panamá por daños relacionados con la toma de los dos puertos y comunicó el inicio de un procedimiento arbitral.

La controversia adquirió una dimensión política porque Washington había cuestionado la presencia de intereses vinculados con China en instalaciones situadas en los extremos del Canal. Al mismo tiempo, la información disponible distingue entre la administración del Canal, que corresponde a Panamá, y la operación de terminales portuarias, que se rige por concesiones y contratos específicos.

Por ello, no es correcto afirmar que China controla el Canal. Lo que existe es una disputa sobre la participación de una empresa de Hong Kong en dos terminales portuarias, dentro de un contexto internacional de rivalidad estratégica.

El caso muestra la necesidad de que Panamá fortalezca sus instituciones regulatorias, publique los términos de las concesiones, garantice el debido proceso y evite que la infraestructura nacional sea utilizada como escenario de presiones entre potencias. La defensa del interés nacional exige transparencia jurídica y capacidad diplomática, no únicamente alineamientos.

Recursos y dependencia

La disputa geopolítica contemporánea no se limita al control territorial. Además, incluye minerales críticos, agua, energía, biodiversidad, alimentos, datos, puertos y tecnologías. América Latina posee importantes recursos estratégicos, pero continúa dependiendo de la exportación de materias primas y de la inversión externa.

Centroamérica no cuenta con las reservas minerales de los países andinos, pero posee activos igualmente importantes: posición geográfica, biodiversidad, recursos hídricos, costas, corredores logísticos y potencial energético. Panamá agrega a esta ecuación el Canal y una infraestructura de servicios que le permite desempeñar funciones de alcance mundial.

El riesgo consiste en que estos activos se administren de manera fragmentada y sin una estrategia de desarrollo regional. La construcción de carreteras, puertos, redes digitales y proyectos energéticos puede integrar a Centroamérica, pero también puede profundizar su función tradicional como corredor de extracción y tránsito.

La integración física debe servir para generar cadenas regionales de valor, impulsar el empleo, mejorar los servicios y fortalecer la cooperación entre los países. Si únicamente facilita el traslado de mercancías hacia mercados externos, la infraestructura reproducirá la dependencia en lugar de superarla.

Cuatro futuros posibles

La situación actual permite imaginar distintos escenarios para Panamá y Centroamérica.

El primero sería una integración estratégica, en la que los países de la región coordinen políticas sobre migración, seguridad, energía, agua e infraestructura. En este escenario, Panamá puede utilizar su posición de Estado pivote para impulsar una agenda regional y negociar con las grandes potencias desde una posición colectiva.

El segundo sería una dependencia securitaria, caracterizada por una creciente militarización de las respuestas frente al narcotráfico, la migración y la protección de infraestructuras críticas. La cooperación internacional aumentaría, pero también las preocupaciones sobre soberanía, derechos humanos y control democrático.

El tercero sería una competencia por corredores, en la que Estados Unidos, China y otros actores busquen ampliar su influencia sobre puertos, telecomunicaciones, energía, cadenas logísticas y proyectos de infraestructura. La controversia alrededor de Balboa y Cristóbal muestra cómo una disputa empresarial puede adquirir rápidamente una dimensión geopolítica.

El cuarto sería una fragmentación regional, en la que cada gobierno negocie por separado, las instituciones de integración pierdan relevancia y los países centroamericanos queden expuestos a presiones externas diferenciadas. La reactivación del diálogo del SICA demuestra que existe conciencia sobre este riesgo, pero también evidencia la necesidad de reconstruir consensos políticos.

Un quinto escenario no deseable representa un riesgo geopolítico crítico: que Panamá y Centroamérica pierdan su autonomía y queden atrapadas como Estados tutelados, reducidas a simples zonas de amortiguamiento y proveedoras de recursos críticos subordinadas a las disputas de las potencias hegemónicas.

Conclusiones

Panamá es un Estado pivote de Centroamérica porque su ubicación, el Canal, sus redes logísticas y su conexión con Sudamérica generan efectos que trascienden sus fronteras. En agosto de 2026, Panamax Alfa, la creación del Comando Conjunto para áreas específicas del Canal, el debate sobre migración y crimen organizado, y la disputa portuaria vinculada con CK Hutchison confirmaron que el país ocupa un lugar central en la agenda geopolítica regional.

Esta centralidad puede convertirse en una oportunidad o en una fuente de vulnerabilidad. Panamá puede ser una plataforma subordinada a las disputas entre grandes potencias, o puede utilizar su posición para fortalecer la cooperación, la negociación colectiva y la autonomía regional.

La condición de Estado pivote exige una política exterior activa, transparente y multilateral. También demanda una estrategia nacional que vincule la defensa del Canal con la protección de su cuenca, el bienestar de las comunidades, la sostenibilidad ambiental y la participación ciudadana.

Centroamérica necesita pasar de la fragmentación a la coordinación. La llegada de una nueva Secretaría General del SICA ofrece una oportunidad para reactivar el diálogo político y construir respuestas comunes frente a la seguridad, la migración, el cambio climático y la desigualdad.

Panamá, por su posición geográfica y capacidad de conexión, está en condiciones de contribuir a ese proceso. Pero para que el país sea verdaderamente un Estado pivote y no simplemente un territorio de tránsito, deberá transformar su valor estratégico en soberanía, desarrollo inclusivo e integración regional.

El futuro no dependerá únicamente de quién controle las rutas marítimas, los puertos o las redes logísticas. También dependerá de quién tenga la capacidad política para decidir cómo se utilizan esos activos y en beneficio de quién. En esa decisión se juega el lugar de Panamá y de Centroamérica en el nuevo orden mundial.

Anastacio Rodríguez Zúñiga. Panamá


Asesor académico e investigador asociado de la Red Centroamericana de Jóvenes por el Agua, capítulo de Panamá. Economista, especialista en Geopolítica, Catedrático universitario e investigador senior del Centro de Investigación de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá.