En América Central prevalecen aún los modelos de desarrollo extractivos, los cuales ignoran las diversas realidades sociales de la región y han fracasado en reducir las brechas de desigualdad. Por el contrario, la persistencia de políticas económicas centralizadas y orientadas a megaproyectos no solo profundiza la exclusión de comunidades rurales e indígenas, sino que ha sido incapaz de reducir la pobreza de forma sostenible. A este escenario se suma la creciente amenaza del cambio climático, que agrava la degradación ambiental. Si bien, existen indicios de una transición hacia modelos alternativos y sostenibles, estos suelen descuidar los intereses de las personas trabajadoras, lo que genera una mayor incertidumbre social.
El modelo económico favorece el enriquecimiento de sectores minoritarios a través de relaciones laborales informales y la falta de políticas ambientales. En la región, la captura de las instituciones públicas por parte de élites políticas y económicas ha bloqueado sistemáticamente cualquier reforma fiscal progresiva, limitando así el fortalecimiento de las capacidades estatales y la inversión en infraestructura. Ante la renuncia de los Estados de América Central a su misión de regular la economía y orientarla hacia el desarrollo sostenible, la crisis climática se agrava y la conflictividad social en los territorios continúa en ascenso.
Para enfrentar la crisis ambiental y la profunda desigualdad económica, la Fundación Friedrich Ebert (FES) propone un cambio de paradigma que transforme el de desarrollo actual por uno basado en la justicia social y la sostenibilidad. Para que la economía sea justa, no puede dejarse al libre mercado, se requiere el fortalecimiento de un Estado democrático y social de derecho capaz de proveer condiciones de vida dignas. Estos cambios solo pueden lograrse adecuadamente si se reconfigura el mundo del trabajo, incluyendo explícitamente las propuestas de la Economía Feminista, los Ecofeminismos, el trabajo doméstico y las labores de cuidados.
En este contexto, la FES considera que un movimiento sindical fortalecido internamente, más inclusivo y mejor conectado en red, así como el aporte de la sociedad civil y actores académicos, constituyen puntos de partida para una reestructuración igualmente inclusiva de la economía, centrada en la justicia social, la sostenibilidad ecológica y la igualdad. La FES busca reforzar el papel y las capacidades de los actores sociales y los sindicatos en el desarrollo de alternativas justas frente al modelo de desarrollo imperante.